Agredir a una persona por su apariencia, personalidad, posición económica y demás, al punto de afectar su autoestima, es lo que se conoce como bullying y más aún cuando se tiene a disposición el uso de redes sociales. Cuando esta agresión se da a través de las redes sociales entre jóvenes de la misma edad se convierte en cyberbullying, según Diego Jaramillo, docente de la Universidad de los Hemisferios en Quito, quien dio una conferencia hace un par de semanas, para docentes de colegios en la Universidad de Especialidades Espíritu Santo.
Él considera que la existencia de redes sociales y el
desarrollo de la tecnología no son el problema, sino el mal uso de estas
herramientas que ponen en riesgo la integridad de los adolescentes que no se
dan cuenta que están exponiendo su intimidad y seguridad. “Cada vez se
registran en Google alrededor de 2,7 billones de búsquedas, lo que significa
que los niños tienen acceso a un sinnúmero de información y a cada instante,
por lo que tanto padres como docentes deben estar alerta”, indicó Jaramillo.
Este experto materializó la idea de lo vulnerables que están
los niños que tienen cuentas en redes sociales sin seguridad a la privacidad, a
través de la proyección de una campaña mediática en Reino Unido que se realiza
actualmente.
Esta muestra a una niña de unos 9 años que sale de su casa
con un letrero que simula ser la página de perfil de Myspace, con una foto de
ella y su información personal, la coloca afuera de su casa y deja abierta la
puerta principal. Luego un hombre mayor pasa por su casa y se interesa por la
información, ve la puerta abierta e ingresa hasta su cuarto para saber más de
ella.
Derivaciones
El sexting es otro de los problemas que se presentan en
Twitter y Facebook, las redes sociales más usadas a nivel mundial. Este
consiste en mostrar fotos en ropa interior o sin ropa. “En el lenguaje de los
jóvenes hay hasta un juego a base de esto que se llama ‘cambiar cromos’ y
consiste en intercambiar fotografías de chicas que muestran su cuerpo”,
explica.
Otro problema es el grooming, como se denomina a la
interacción entre un niño y una persona mayor que se hace pasar por niño. “La
mayoría de veces esto no termina en abuso o acoso sexual, el adulto se
satisface solo con las imágenes que ve del niño o niña”.
Para él, la solución es que exista más control sobre las
redes sociales, principalmente por parte de los padres, y de manera
complementaria por los docentes, y controlar incluso el uso de celulares.
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